_B276846Mar es valenciana y conversa musulmana. Su estatura es mediana. Luce unas gafas de montura gruesa y oscuras y un hiyad marrón con un broche a juego. Le gusta su trabajo y eso se percibe en el entorno. Colabora en el área social del Centro Islámico de Valencia. Mar resalta una anécdota familiar. Una confesión de su actual marido que le hizo reflexionar por primera vez sobre si su correcta religión era la cristiana o no: su madre cada vez que su hermano pequeño salía de casa rezaba a una figurita de la virgen. Un día, mientras su hermano estaba fuera todavía, la figurita cayó al suelo y se rompió. Su madre sufría por saber del hermano. Entonces, mientras su novio observaba aquella escena le susurró a Mar como una confidencia que ella jamás olvidaría: » Si es tu Dios y se rompe, ¿Cómo va a proteger a tu hermano?».

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La conversión a la religión musulmana puede deberse a muchos factores referidos a la misma. El caso pragmático es la formación de pareja (como en el caso de Mar). “Mucho tiene que ver la persona a la que se ama con el proceso de inmersión de la persona en el mundo musulmán”, apunta Miquel Ruiz, profesor del departamento de Antropología y Sociología de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Valencia.

Normalmente la experiencia de inmersión se da por un carácter sociológico. Las personas musulmanas que viven en España no viven solas.

No viven aisladas. La mayoría no decide ser musulmana por su cuenta, sino que proceden de una raíz sociocultural de su país de origen.

“Marruecos y Argelia son los países más importantes en tanto a número de personas aquí en Valencia, con unas cifras de 77.690 y 21610 respectivamente”, resalta Miquel.

El colectivo musulmán en España tiene una notable presencia. Sin embargo, está constituida por una cifra de 1732.000 personas, lo que supone un 3,6% de los 47,1 millones de habitantes totales. Valencia es la cuarta comunidad con mayor número de población musulmana, con 183.526 personas, detrás de Cataluña, Andalucía y Madrid.

Por tanto, la persona no musulmana se integra en un círculo de amistad, familiar, relaciones, de proximidad y esto va acercando a la persona a ese entorno.

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Según el Corán, Allah dice que los musulmanes varones pueden contraer matrimonio con judías o cristianas, quienes están libres de profesar su religión. Sin embargo, la principal virtud a considerar para el matrimonio era la religiosidad del posible cónyuge, por lo que siempre una mujer musulmana será mejor que una que no lo es. Además, si el marido de Mar hubiera optado por casarse con ella siendo cristiana, éste estaría mal visto dentro de su comunidad. Sencillamente porque si los musulmanes varones optan por casarse con judías o cristianas, obligan a las musulmanas a permanecer solteras, o lo que es peor visto todavía dentro de la religión musulmana, casarse con quienes el Islam ha prohibido. Sin embargo, la mujer no puede casarse con un cristiano o con un judío. El hombre sí.

María es valenciana y conversa musulmana. Es estudiante de derecho de la Universidad de Valencia. Dice haberse convertido al Islam después de haberse documentado e estudiando para un trabajo de la carrera. Es la secretaria de la Junta Juvenil de la Mezquita. Cuida de los hijos de los demás musulmanes que acuden allí los fines de semana y es la encargada de la biblioteca. Mientras lo afirma sonríe. Parece feliz con su trabajo. Luce un hiyad negro y lleva muletas dado a una lesión en la rodilla. Mientras las demás compañeras de su clase de Corán rezan, ella se queda allí, charlando y ofreciendo algo para beber a los hijos de las demás mujeres que corretean por el pasillo. «Si estas lesionada, enferma o tienes la regla no tienes por qué rezar», dice con timidez.

Le atraía la Mezquita. Quería conocer la vida desde dentro de ella, experimentar lo mucho que se había documentado intelectualmente para dar aquel gran paso. Tenía miedo. Había leído mucho, pero no sabía si el contacto con la realidad sería como ella pensaba. ¿Y si todo era una utopía y la realidad no era equiparable con el de sus libros?

Los niños jugaban al balón en la entrada del recinto, y observaba algunos hombres rezar en su sala, situada en la misma entrada principal; después sabría que la de las mujeres estaba en la segunda planta. Después lo sabría. Pero para ello, tuvo que atravesar la entrada. “ Tuve que armarme de mucho coraje”, sentencia María.

La estudiante declara que en la universidad no se relaciona con el resto de alumnos y que prefiere estar dentro de un pequeño anonimato intencionado. Es decir, si le preguntan de dónde es, responde que de un país islámico. Así se ahorra preguntas sobre la razón de por qué es practicante dentro de una religión que no sea la cristiana.

Bety_DSC0276-00588-2Al terminar el rezo todas las chicas vuelven a la sala. Es amplia y bien iluminada. Allí hay una mesa en la que lucen unos dátiles en rama y té de menta. Hay un ambiente muy cordial y amable. Irrumpe en la sala una mujer de facciones muy rasgadas y muy seria. Es Emina, la profesora y mentora de las conversas musulmanas. A diferencia de sus alumnas, ella es musulmana desde el seno de su familia. Es amable y explica cosas de la religión y debate temas políticos con las demás chicas: la prohibición del uso del hiyad en Francia, el mal uso del periodismo con respecto a la cultura islámica, el terrorismo, etc.

Dos domingos después había un ambiente diferente en aquella sala: no era tan carnavalesco, sino estricto y metódico. La profesora estaba muy seria y sus alumnas leían el Corán en árabe con mucha dedicación y empeño. Incluso vocalizaban de otra manera, más nasal, cómo corresponde con el alfabeto correspondiente. María, al leer un fragmento, irrumpió a llorar. No era ni un sollozo. Ni unas simples lágrimas derramadas. Era un llanto. Salió fuera de la sala y nadie de allí, ni tan siquiera la profesora, se preocupó en detener la clase para ir a consolarla.

Al terminar la clase María fue a hablar con su profesora y le comentó que se había emocionado con las palabras de Mahoma en aquel fragmento que le había tocado leer. Su cara estaba mucho mejor, sus mejillas sonrojadas. Fuera lo que fuera, parecía aliviada.

Bety_DSC0238-00550-2Hay una tesis sociológica, de carácter más global, que refleja lo atractivo que pueden resultar las reglas y dogmas de la religión musulmana. “A mucha gente en contexto de crisis le otorga un sentido y alivio en sus vidas.” Menciona Miquel Ruiz. Es un marco de referencia para personas que han perdido el sentido en sus vidas sin tener por qué llegar al extremo de estar perdidos en el mundo. “ Acercarte al dogma de fe que te diga todo lo que tienes que hacer y como tienes que comportarte y que te de respuesta para tus problemas existenciales que buscan respuestas a muchas personas les es muy útil”, destaca Miquel, haciendo una breve pausa para después hacer hincapié en que puede haber también cualquier tipo de experiencia de inmersión en el contexto de las nuevas espiritualidades, como lo son las orientales (budismo, esoterismo, paradigmas de salud o alternativos).

Olga es valenciana y conversa musulmana. Comparte clases con María en la Mezquita. Viajó a un país islámico, se sintió atraída por el Islam y al regresar a España se cambió de religión. “Mucha gente al verme por primera vez se siente extrañamente intimidada” afirma Olga. Va vestida con un jilbab negro (no necesariamente son de ese color) de los pies a la cabeza y sus facciones son rudas. Declara con fluidez, como una conversación de bar, que estaba enferma y harta de médicos y diferentes terapias para combatir su depresión. Así que decide irse de viaje. A la aventura. Lo que nunca imaginaría era volver tan cambiada. » Ahora soy feliz», sentencia rotundamente. A pesar de esta confesión de haber encontrado la paz que buscaba en la religión, Olga tiene otras mil y un razones para contrarrestar esa felicidad. Su familia no acaba de aceptarla y están asustados ante su «radicalismo religioso», como ellos mismos lo describen. Ella parece no importarle. Ha encontrado la paz que buscaba según sus palabras, sin embargo su voz tiembla y su mirada no es del todo limpia. Parece como sí algo aún la atormentara. Aunque eso es lo propio de la naturaleza humana y más si la familia está de por medio en esos remordimientos de conciencia.

_C277331Hay mucha discusión referente a la indumentaria de la mujer musulmana y depende del punto de vista que se tome, se puede pensar o no, que esto es una vulneración de los derechos de las mujeres. Es una lucha entre la defensa de los derechos del ciudadano entre la defensa de los derechos colectivos como miembro de una comunidad cultural o religiosa. “Esto es el peso más grande, es decir, dónde se produce tensión entre los países occidentales. No significa que en Occidente no tengamos opción de los derechos colectivos, que los tenemos también. Pero priman los derechos individuales.” Asevera Miquel.

La discusión de los países occidentales, especialmente en Francia, ha sido un tema de mucho debate. El derecho de las mujeres a su propia autonomía personal, a su propia individualidad, tiene que ser sometida a ciertas formas de vestir o de esconder parte del rostro de su cara y entorno físico que iría totalmente en contra de los derechos de los ciudadanos. Aunque ellas manifestaran estar de acuerdo, esto es un punto conflictivo dado a que los derechos civiles y del ciudadano advierten que estos derechos se proporcionan a todos los seres humanos como derechos inapelables aunque las personas manifiesten estar de acuerdo con estar sometidas. “Un ejemplo muy sencillo: yo quiero ser esclavo. Me quiero someter a ti. Voy a firmar un contrato. Aunque yo lo quisiera hacer, el Estado o ninguna autoridad, me va a ilegitimar de ese sometimiento a través de un contrato de esclavitud porque yo estoy de acuerdo. Por tanto, está por encima de la libertad individual. Y está por encima de los acuerdos o entregas que existan en una comunidad cultural.” Sostiene Miquel.

Las mujeres musulmanas debido a estar integradas dentro de una comunidad de emigrantes que siguen preservando sus reglas culturales, tienen que cumplir una serie de normas: la forma de vestir, no hablar con hombres extraños, no hablar con ningún hombre salvo que sea tu marido, tu padre o tu hermano. Es una conducta que es bastante frecuente. “No es cien por cien, muchas mujeres musulmanas no hacen eso y hablan con otros hombres.”, menciona Miquel.

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El aspecto comunitario es más importante que la relación directa de las mujeres con Allah. Se puede legitimar porque es un aspecto de doma de fe o de creencia pero lo importante son las normas culturales y de conducta vinculados a un acto de fe. Se trata de aspectos de control patriarcal de los hombres con respecto a las mujeres controlando su conducta, su entorno, con quién deben hablar y con quién no.

No todas las mujeres de los países islámicos están sometidas en este sentido. Hay mucha diversidad interna también. Habría que ver qué países y qué espacio: no es lo mismo una gran ciudad que un espacio rural y no es lo mismo una familia ortodoxa que otra que no lo es. Existen también una gran diversidad de casos. Pero en general, lo que se prioriza es la ruptura de las reglas, de conductas familiares y comunitarias.

“Cuando una mujer se la somete a un castigo como latigazos o el tema del apedreamiento por el adulterio, lo que es que su relación con Allah haya empeorado. Su estrechamiento con la comunidad de origen se ha deteriorado porque ha roto con las reglas de conducta.”Ejemplifica Miquel. Desde la perspectiva de la percepción de la experiencia de la fe de las personas la realidad cambia. “Si tuviéramos que tomar las experiencias de fe de los individuos como carga de realidad no existirían las ciencias sociales. Punto por punto es la realidad. El análisis sociológico nos dice otra cosa. Nos dice que existen normas sociales, normas de conducta, dispositivos sociológicos y culturales.” Sostiene Miquel.

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