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Un 15 de junio a las 20:15 horas nació Ana. Sería la primera de cuatro hermanos. Dos varones y dos mujeres.
Yo nacería años después. Ana me cuidaba, me paseaba por el pueblo…. Tanto tiempo pasábamos juntas que por diversión la llamé en una ocasión “Mamá” ¿El resultado? Que las señoras del pueblo se escandalizaran “Tan joven y con una hija”.
Pues sí. Una fresca Ana. Una fresca.
En mi adolescencia Ana vino a buscarme al colegio durante una temporada con su SEAT Ibiza blanco y el CD de Cranberries siempre sonando una y otra vez como banda sonora de nuestras vidas. Bajábamos las ventanillas y cantábamos juntas. Los chicos se quedaban mirándole. De vez en cuando los mayores del colegio me preguntaban por ella. Para que ocultarlo. Yo siempre me sonrojaba.
Bebí de mis primeras copas con ella. “ Santa Teresa con Coca-cola, por favor.” en un bar jugando al Trivial “ Beatriz tu el vaso menos cargado”. Fue entonces, cuando le llamaron la atención sus amigas y jamás volvió a ejercer como una madre para mí. Si no como una buena amiga. Y cómo lo que es: mi hermana.
Ahora que estoy en Valencia aprecio más los pequeños detalles que siempre se saborean mejor: todo lo que he aprendido a través de ella, que somos jóvenes siempre, recordar nuestro viaje juntas en mi nueva ciudad, el apoyo incondicional de una hermana y, sobre todo, que persiga mis sueños y me coma el mundo.
Gracias Ana.

Felicidades ahora sí, de tu hermana pequeña, la pesada que te quiere.

Valencia, 15 de junio de 2015

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